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Domingo palomero | Fast and Furious 8

Ya vimos la octava película de la franquicia de Fast and Furious y nos preguntamos ¿cuál será el próximo vehículo?

No es inusual considerar un declive en calidad con franquicias que exceden su fecha de expiración creativa pero la serie de Fast and Furious continuamente busca formas de mantenerse relevante como espectáculo para las masas. Lo que comenzó en el 2001 como un pequeño relato de carreras clandestinas y criminales con corazones de oro termina como una telenovela fantástica de espionaje global y aparentes superpoderes y sí, superpoderes, porque no bromeo cuando afirmo que cualquier cinta de Marvel ofrece más realismo que The Fate of the Furious.

Sugerir que esta octava entrega es un “churro” o una jalada” no le hace justicia al delirante y decadente despliegue de destrucción, comicidad y giros narrativos del cual somos testigos.

Para entender dónde nos encontramos parados en esta absurda mitología me siento obligado a compartir algunas importantes reflexiones. La muerte de Paul Walker afectó tremendamente el curso de estas películas y se nota. Mientras que Furious 7 termina en una simbólica escena de caminos separados, aquí una simple línea de diálogo desplaza la presencia del personaje de una manera poco convincente.

Narrativamente, la serie también se asemeja a un ouroboro, con personajes que inician como antagonistas, pero terminan redimiéndose casi por arte de magia, limitando cualquier sentido de peligro -no se en que momento, por ejemplo, el equipo entero se olvida que Jason Statham asesinó a uno de los suyos y destruyó su hogar de la infancia. Supongo que unas chelas lo arreglan todo. Y después de la risible revelación de que un personaje no había muerto y se encontraba con un severo caso de amnesia ahora resulta que surge otra revelación que obliga a Vin Diesel a traicionar a su familia (no me atrevería a arruinar ESA sorpresa).

Fast and Furious se disputa con Saw el título de “Más giros ridículos sin sentido en una saga”.

El gran acierto de estas cintas, más allá de la acción bombástica, es la química de su reparto. Dwayne Johnson y Statham son íconos del género y trabajan bien juntos (cabe mencionar que aparte de los músculos, estos demuestran un talento real para la comedia). La inclusión de Charlize Theron como la villana también es una decisión inspirada, aunque en realidad pasa la mayor parte de sus escenas en la sala de operaciones de su jet privado.

Theron y Statham ya han trabajado anteriormente con el director F. Gary Grey para el remake de The Italian Job, el cual resulta en un ejemplo de enorme sutileza y complejidad psicológica si la comparamos con esta película.

The Fate of the Furious es un motor de entretenimiento perfectamente lubricado y llevado al extremo de la verisimilitud. Hay secuencias en esta película que me hicieron reír más que la mayor parte de las supuestas comedias que lanza Hollywood año con año. Nada mal para ser la octava película en una serie sobre locaciones exóticas, vehículos lujosos, mujeres, testosterona y, como no, familia.

Programador para DocumentaQro, Blogger y cinéfilo en general.

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