09/04/2018

El pasado jueves 5 de abril, el maestro Isao Takahata murió a los 82 años llevándose consigo más de medio siglo de una carrera excepcional.

Los comienzos

Paku-san. Así llamaban cariñosamente sus compañeros del estudio Toei Doga a Takahata, lugar donde este joven animador comenzó su carrera a fines de los años 50. Tras ser reclutado por Toei cuando aún era un estudiante universitario, supo captar la atención de sus pares y sus jefes, al mostrar una mente prodigiosa y llena de curiosidad. Es en este estudio conoce a su futuro socio, Hayao Miyazaki, como así también a muchos otros valiosos animadores que colaborarían con Paku-san en muchos proyectos anteriores y posteriores al inicio de la Era Ghibli.

En 1968 logró dirigir su primera película animada, “Las aventuras de Hols, príncipe del Sol”. Tal y como sucediera en más de una ocasión, incluida la última película dirigida por él, “El cuento de la princesa Kaguya”, esta cinta se caracterizó por tener una producción compleja, excedida en tiempo y presupuesto, algo completamente acorde con la personalidad detallista y perfeccionista de Paku-san. Aunque resultó una proeza técnica y artística para la época, su recaudación en aquel entonces distaba mucho de cumplir los objetivos del estudio.

A comienzos de los 70, tanto Takahata como Miyazaki pasaron a formar parte del staff de A Production. Años después, trabajando para la Nippon Animation, y siempre acompañados de valiosos colaboradores, cosecharon grandes éxitos. El más notorio con Takahata en el rol de director, y por el que más lo recuerda la prensa en estos días, es “Heidi, la niña de los Alpes” (1974), serie que inauguró el bloque televisivo “World Masterpiece Theater”, dedicado a emitir series basadas en clásicos de la literatura infantil.

Heidi, la niña de los Alpes (Alps no shoujo Heidi) – 1974

La Era Ghibli

La fundación oficial de Studio Ghibli ocurrió en junio de 1985, aunque el primer film del estudio, “Naausica en el valle del viento”, producido por Takahata y dirigido por Miyazaki, se estrenó en 1984. Pensar en las geniales producciones de este estudio, también me lleva a pensar que, para el inconsciente colectivo occidental, Ghibli es sinónimo de Miyazaki. Un fan del anime no muy entrenado podría probablemente nombrar varios éxitos del estudio, y es casi seguro que nombraría solo a aquellos dirigidos por Miyazaki. Es cierto que el maestro dirigió más películas en el estudio que Takahata, pero la realidad indica que Ghibli no sería lo que es hoy sin sus tres pilares fundamentales: Miyazaki, Takahata y Toshio Suzuki, productor infatigable de la mayoría de las obras ghiblianas.

El dream team de la animación nipona: Miyazaki, Suzuki y Takahata

Paku-san llevó sobre sus hombros la dirección de fantásticas películas del estudio, delicadamente animadas, pero, sobre todo, de una calidad argumental excepcional. Tal es el caso de su obra más reconocida a nivel internacional, “La tumba de las luciérnagas” (1988), basada en la novela homónima de Akiyuki Nosaka publicada en 1967, y que relata la historia de dos hermanos abandonados por el mundo a finales de la Segunda Guerra Mundial en la ciudad japonesa de Kobe. Una historia conmovedora, de esas no aptas para gente sensible. Les aseguro: hasta a la persona más fría se le llenarán los ojos de lágrimas.

La tumba de las luciérnagas (Hotaru no haka) – 1988.

La década del 90 sería fructífera para el maestro, dirigiendo films como: “Recuerdos del ayer” (1991); “Pompoko” (1994); y “Mis vecinos los Yamada” (1999).

Recuerdos del ayer (Omohide poro poro) – 1991

El legado de un genio

Su última película como director se estrenó a fines de 2013. Se trata de “El cuento de la princesa Kaguya”, una cinta que apela a la belleza en todas sus formas, y que refleja claramente el perfeccionismo del maestro Takahata. Tan perfeccionista que, como mencionamos anteriormente y según cuenta Toshio Suzuki, el film se vio excedido en presupuesto y tuvo que ser estrenado meses más tarde de lo previsto. Inicialmente debía estrenarse a la par de “Se levanta el viento” (Kaze no tachinu), la última obra de Miyazaki. Kaguya, con una animación bastante atípica en relación a otros films del estudio (“Mis vecinos los Yamada” sería el film más cercano a este estilo), le valió múltiples premios y una nominación a los Oscars en la categoría de Largometraje Animado.

El cuento de la princesa Kaguya (Kaguya-hime no monogatari) – 2013.

Ya en 2016, formó parte de la producción de “La tortuga roja” (La tortue rouge), un magnífico film dirigido por Michael Dudok de Wit que se constituye como la primera cinta en la que Studio Ghibli colabora con estudios europeos. Desde ese entonces, probablemente debido a los problemas de salud que luego conllevarían al triste desenlace, Takahata fue reduciendo sus actividades en el estudio, aunque nunca anunció su retiro, como sí lo hiciera Miyazaki en su momento.

Aunque el maestro se haya ido, su arte sigue allí, listo para ser redescubierto por los más grandes y descubierto por las nuevas generaciones. Esa es la enorme ventaja con que cuentan los grandes talentos de la historia; por más que ya no estén físicamente con nosotros, lo estarán por siempre a través de sus obras, a través de los miles de artistas que inspiraron, a través de las incontables vidas que las enseñanzas de sus obras han moldeado. Aunque parezca una frase reservada a grandes próceres de la historia, no cabe duda de que el Maestro Takahata, gracias a su enorme talento y tenacidad, ha pasado a la inmortalidad.

Su legado quedará para siempre en nuestros corazones.