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Reseña | Dunkirk (Sin spoilers)

Aprovechamos los miércoles de 2×1 para ver la nueva película de Christopher Nolan, Dunkirk y te contamos lo que nos pareció.

El director François Truffaut alguna vez pronunció que no existía tal cosa como una película antibélica. Y aunque surgen algunos ejemplos que refutan dicha afirmación -como las brillantes ‘Paths of Glory’ de Stanley Kubrick o ‘La Grande Illusion’ de Jean Renoir– ciertamente existe una glorificación patriótica que acompaña a muchas cintas en sus respectivas escenas de combate. Desde sus inicios, no cabe duda, el cine se ha convertido en una importante herramienta de propaganda militar y social.

La visión de Nolan

En muchos aspectos, Christopher Nolan no busca realizar una convencional cinta de guerra con ‘Dunkirk’ (su octavo largometraje apoyado incondicionalmente por Warner Brothers) sino, más bien, una experiencia visceral a base de un lenguaje formal. Es gracias a su ritmo punzante en la edición que crea un compás latente que permea cada secuencia al mismo tiempo que despoja a su narrativa de elementos discrepantes con este acercamiento, como la contextualización o desarrollo de sus personajes -quizás podamos aplicar el término “pure cinema”, el cual algunos emplean con brío al describir filmes que favorecen acción sobre palabras para comunicar emoción. Es aquí donde ‘Dunkirk’ encuentra su mejor y peor atributo ya que, en esencia, la cinta vive en el momento.

Dunkirk más que una película de guerra, es una experiencia descomunal en pantalla grande

Es bien sabido que Nolan es uno de los fervientes defensores del celuloide y la experiencia comunal del cine y por ello hay una sensación de que, más allá de un discurso sobre heroísmo, el mensaje parece principalmente ser: vean la grandiosidad técnica del medio (eso sí, se refuta casi de inmediato cualquier noción de que la pantalla chica pueda competir, en términos de espectáculo, con la pantalla grande).

Filmada casi enteramente con cámaras IMAX y efectos prácticos, la película es completamente inmersiva y apabullante gracias a su cinematografía y la incesante banda sonora de Hans Zimmer que la acompaña (él se ha vuelto ya su compositor de cabecera). Pero esto convierte al drama en algo no más que una atracción de carnaval. Será interesante conocer su impacto en el reducido espacio de una sala de hogar.

El inquietante ritmo de la película

De nuevo, la cinta representa un thriller contra el reloj mediante una estructura no-lineal (esta se divide en tierra, mar y aire y es fragmentada en momentos dispares que se entrelazan). Este cine de nodos y atemporalidades es algo ya común en la filmografía de Nolan pero mientras películas como Memento, The Prestige o Inception parten de esta técnica narrativa para informar la psicología de sus personajes o realzar los artificios en sus historias, aquí se siente completamente gratuito y logra truncar el poder de escenas individuales (las cuales funcionan muy bien gracias al gran reparto). La decisión de abstraer la presencia enemiga alemana y mantener la violencia al mínimo también forma una estilización contraria a la intención de Nolan por buscar el realismo.

El momento heroico más importante de la segunda guerra mundial

Mientras la historia observa la evacuación de tropas aliadas en Dunkerque como uno de los eventos más heroicos y dignificantes del siglo pasado, Nolan lo ve como una oportunidad de crear otra elaborada pieza de enorme proeza técnica. Sin duda, vale mucho la pena ir a la mejor sala de cine a su alcance a verla, aunque no habrá mucho de que hablar con respecto a sus personajes en el camino a casa.

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