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Reseña | Spider-Man: Into the Spider-Verse

Finalmente vimos “Spider-Man: Into the Spider-Verse” y te platicamos porque nos parece una de las mejores películas basada en un cómic.

Finalmente vimos Spider-Man: Into the Spider-Verse y te platicamos por que nos parece una de las mejores películas basada en un cómic.

Justo cuando se creía que lo mejor que le había pasado a Spider-Man, después de dos intentos fallidos de franquicias despegadas, había sido el crossover con el MCU y el tono juvenil ochentero de ‘Homecoming’, llega ‘Spider-Man: Into the Spider-Verse’, un caleidoscopio que no se asemeja a ninguna otra cinta animada que hayamos visto antes.

La estética de viñetas ha sido articulada antes en el medio cinematográfico -en el Hulk de Ang Lee y en ‘Scott Pilgrim vs The World’ de Edgar Wright, por ejemplo- pero aquí se aproxima más a la noción de historieta en movimiento en función a la historia, más allá de mero ornamento estilístico.

La técnica simula efectos estereoscópicos en filtros entintados, con especial reverencia a un estilo gráfico.

Basada libremente en el evento de ‘Spider-Verse’, en el cual convergen las diferentes interpretaciones del personaje bajo la premisa de la desestabilización de una máquina que origina una explosión multidimensional, la historia es un deleite que realiza un acto de malabarismo bajo la fuerza centrífuga que es Miles Morales. Acompañándolo en esta aventura se encuentra un Peter Parker regordete y taciturno, Gwen Stacy como Spider-Woman y la combinación improbable de Spider-Noir (suerte de detective en blanco y negro de los años 30s), Peni Parker (arquetipo futurista de animé con una niña y su avanzado robot) y Peter Porker como Spider-Ham (un vaciado cerdo en caricatura). Sorprendentemente, cada uno cuenta con una personalidad definida que siempre informa al arco de Miles, lo que logra que nunca se sienta como una película sobresaturada.

Miles debutó en los comics en el 2011, como sucesor de la máscara arácnida después de la muerte de Peter Parker. Este nuevo Spider-Man parecía el héroe representativo de una nueva era progresista y multicultural, cuyo país origen había recibido al primer presidente afroamericano en su historia.

Él aquí es un adolescente afroamericano que va a una escuela privada y también recibe la picadura de una araña radioactiva. Su padre es un policía que no aprueba a los héroes vigilantes y actualmente se encuentra distante de su hermano Aaron, a quien Miles admira. Mientras que en los cómics es Doc Ock quien es responsable de la grieta cuántica, aquí es el temible Kingpin, cuya motivación deriva directamente de la pérdida de su esposa e hijo en un accidente automovilístico.

Los creadores de nuestro arácnido favorito, Stan Lee y Steve Ditko, ya no están con nosotros y es una lástima que no pudieron ver la película, la cual funge también como tributo al personaje a través de los años (aquí es donde debo insistir que se queden a ver la escena post-créditos la cual alude a un popular meme con Spidey).

Mientras que el resonante mensaje de cintas anteriores fue encapsulado bajo la frase de: ‘Un gran poder conlleva una gran responsabilidad’, aquí se enfatiza el hecho de que cualquiera puede usar la máscara, solo se requiere de un salto de fe.

Spider-Man: Into The Spider-Verse es la película de superhéroes más vibrante y original que he visto y una de las mejores propuestas del año.

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